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A flor de piel

¿Que ha sido del contacto personal?. ¿Estamos dando un rodeo para acabar descubriendo que lo esencial está en el cara a cara?.

Por supuesto que hay muchos debates, artículos y libros sobre el efecto de la tecnología (¿nueva?) sobre nuestros comportamientos sociales y el aislamiento derivado. Estas modificaciones no solo proceden de los avances, sino también de la popularización de sus medios. Y, un paso más, de la progresiva implantación y promoción en los usos y costumbres del subconsciente colectivo.

No hay que dejar de lado el componente comercial. En éste caso, aprovechando la soledad y dando respuesta fácil a las dificultades de construir y mantener relaciones personales basadas en la comunicación y contacto directo.

Es cierto que siempre se ha dicho que «importa más la opinión publicada que la opinión pública». Con los medios disponibles (y la gran audiencia conversa), cualquiera puede labrarse una reputación específica y conseguir decenas de contactos en las redes sociales. Tras el proceso, pocos se cuestionan el origen de esa trayectoria y siguen fomentando el mito. En redes donde la cantidad relega a la calidad, se aceptan invitaciones a contactar por motivos diferentes al conocimiento de las personas: la duda, el aumento de seguidores, la facilidad, el que parezca que uno tiene buenas y muchas relaciones, etc.

Pero si rascamos un poco, nos encontramos que, en su mayoría, no se basan en un real conocimiento personal y que su apariencia se verá destruida cuando se intenta el acceso directo. A esto se une la avalancha indiscriminada de noticias republicadas, artículos de autobombo y perfiles retocados. Parece que vale todo con tal de crecer en los medios. Habría que recordar que la reputación y las buenas relaciones se cultivan y fortalecen con base en los propios méritos, en hechos discretos, lejos de los focos y que el verdadero éxito personal reside en nosotros. El reconocimiento público ha de ser espontáneo y no se debe sustituir por el resultado de una campaña publicitaria premeditada.

La valía se demuestra a través de los actos y los resultados. Todo lo publicado y escrito puede ser una base para sospechar que un profesional podría ser eficaz, pero solo pasando de las musas al teatro se verá refrendado o conllevará una decepción.

Como siempre ha sido, solo mirando a los ojos (sin intermediarios técnicos) es donde se contrasta y valida, o no, todo lo anterior.

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