20131223-065659.jpgLa buena educación y la cortesía no deben limitarse al ámbito personal. En nuestras relaciones comerciales y profesionales la aplicación de las reglas básicas puede coadyuvar al logro de objetivos y beneficios.

Por supuesto que nadie cuestiona lo necesario de un buen y correcto comportamiento en las relaciones interpersonales. Sin embargo, asistimos a diario a muestras de lo contrario. y, también, a la disculpa permanente.

Llegar tarde, no avisar de cambios de forma o de fondo en reuniones, empleo abusivo de contactos impersonales, etc. hacen patente un egoísmo perjudicial para los negocios. En ocasiones se tiende a considerar que las propias obligaciones deben estar por encima de cualquier otra consideración. Se abusa, así, de la paciencia de los interlocutores.

El tiempo que, supuestamente, se aprovecha para rematar otras tareas supone trasladar un mensaje negativo al resto. Toca, después, dedicar tiempo a las excusas y justificaciones. Pero más allá de lo formal, el mensaje lanzado de desinterés puede suponer el inicio de relaciones o negociaciones con mal pié.

Toda relación y negociación profesional tiene un componente de confianza personal o, al menos, de evaluación completa de quien tenemos enfrente. Transmitir descortesía supondrá que algunos infieran un estilo en el resto de asuntos.

La buena educación debería incorporarse permanentemente a toda estrategia negociadora.

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