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Pretender un equipo humano con defectos cero es engañarse en el solitario.

En el modelo de gestión de producción «lean manufacturing» se propone maximizar el valor aportado al cliente con el mínimo coste. En el mismo, se introduce el concepto «Jidoka» que supone la automatización con un toque humano.

No se trata de santificar los defectos, por supuesto. Tan solo de ser conscientes (de palabra y obra) que tratamos con personas y que los procesos son ejecutados por ellas. Podemos engañarnos diseñando procedimientos impecables que, si no evaluamos adecuadamente el desarrollo personal de quienes los aplicarán, estaremos ante un fracaso tras otro.

En producción trataremos de optimizar tareas y controles, sin olvidar el autocontrol de calidad. Buscaremos obtener las cosas correctas en el lugar, momento y cantidad correctas, minimizando el despilfarro, siendo flexibles y estando abiertos al cambio.

Es aquí donde kaizen (proceso continuo de análisis) entra en juego. El análisis ha de ser completo, no sólo de aspectos fríos y objetivos. El factor humano, y su impacto en las operaciones, se convierte en el punto de inflexión que nos acercará a los objetivos de calidad.

Lo fácil es diseñar como deben hacerse las cosas, al directivo corresponde combinar todos los factores para que se hagan de la mejor manera posible.

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