Hace unos días una incipiente profesional me insistía que era una más del montón. Ésta reflexión contenía un toque de resignación y una peligrosa inminencia del conformismo.
Todos somos del montón. Pero, no es menos cierto, que podemos destacar en la distancia corta, la que nos aproxima a los demás (colegas, superiores, proveedores, clientes) en las organizaciones. Es ahí donde tenemos la oportunidad de marcar la diferencia, de destacar.
Para ello, contamos con ventajas diferenciales que nos hacen únicos, útiles para algo. Ventajas que se nutren de la formación (no sólo profesional), de la experiencia (vital y profesional) y del sexto sentido (sea éste lo que sea).
Y, también, los que están a nuestro alrededor nos podrán ayudar en ese proceso de puesta en valor de nuestra singularidad. En especial aquellos que tienen algo que enseñar o transmitir, por su formación, experiencia y sexto sentido. A esto que no deja de ser tan antiguo como el mundo, se le ha dado un toque estructurado y comercial: coaching, mentoring, tutelaje.
De momento se nos ofrece como una moda, si bien, debemos retener el fondo. Y el fondo nos dice que debería ser una actividad a incorporar por parte de todos aquellos directivos y/o empresarios senior que pretendan desarrollar y aflorar los talentos en sus organizaciones.
Saquémosles del montón y ayudémosles a valorarse en la distancia corta.