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Tener una idea de negocio en mente es condición necesaria para convertirla en realidad.

En el fondo es como tener un sueño, una ilusión. En la nebulosa que rodea la idea, todo parece posible, las aristas están difuminadas y no se aprecian dificultades insalvables. En éste paso, tenemos una noción general de que disponemos de alguna opción, sin cuantificar, de alcanzarlo y, además, resaltamos nuestras habilidades para hacerlo.

Son muchas las ideas que se nos pueden ocurrir. De éstas, algunas pasarán al cajón del olvido y otras a la bandeja de proyectos a estudiar. Para las segundas haremos que pasen por el tamiz de agujeros grandes: fortalezas propias, financiación, mercado potencial y barreras de entrada.

Las propuestas que pasen el primer filtro irán a la mesa de desarrollo de lo concreto. Toca ahora elaborar un Plan de Negocio en detalle. La propia elaboración, el proceso, nos enfrentará a los factores fundamentales del éxito previsible. Desde el equipo de gestión de que disponemos para afrontarlo, hasta como procederemos a su financiación. Lo esencial de su contenido es sobradamente conocido: negocio, personal, inversiones, mercado, competencia, provisión del servicio o producto, objetivos, estrategias competitivas, DAFO, proyecciones económicas y financieras, etc.

El Plan y, sobre todo, su construcción serán el segundo filtro que permitirán pasar la idea inicial a la categoría de Proyecto. Sobre el papel habremos hecho el segundo contraste, el experimento es con gaseosa, acertar o equivocarse sobre el papel.

La tercera batea será lograr que otro, financiero o industrial, comparta nuestro proyecto. Y lo comparta poniendo algo tangible sobre la mesa. Para hacerlo, revisará la propuesta con mirada crítica y con la experiencia que le ha dado la participación en múltiples iniciativas. También comprobará el grado de compromiso del promotor y verificará cuanto nos afecta y que estamos dispuestos a poner encima de la mesa para acometerlo. Se trata de aportar algo más que una idea y un Plan. En función de lo que se arriesgue: esfuerzo, tiempo, dinero, etc., daremos una pista del respaldo tangible al Proyecto.

Es importante determinar si estamos pidiendo un «acto de fé» o buscando un socio (financiero, comercial o profesional), pues las probabilidades de éxito cambian radicalmente.

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