20131203-081132.jpg¿Es la formación técnica la única que nos garantiza, o ayuda a lograr, el desarrollo profesional?

¿Solo buscan las empresas personas cada vez más formadas?

¿La consecución de un empleo es una combinación de formación, suerte y contactos?

¿Hay algo más?

Basta preguntar a cualquier empleador qué busca en un profesional y nos dará respuestas claras. Por supuesto el candidato debe estar correctamente formado. He dicho “correctamente”, no ser un mero coleccionista de títulos y méritos teóricos.

Cuando hablamos de formación debemos pensar en el objetivo que pretendemos, la acumulación de cursos es inútil y cara. A través de los estudios seguidos se puede ver si estamos ante una persona con ideas claras y el objetivo definido, o ante alguien que dispara a todo lo que se mueve. En este segundo caso, el proceso formativo puede ser hasta contraproducente.

La elección de los centros también nos da una pista. La oferta es grande, la calidad desigual. Es más útil seguir un curso en una escuela de prestigio que diez en cualquier parte. Los años de presencia en un centro sin la calidad adecuada solo dan notoriedad, no prestigio.

Pero, supongamos que se han cumplido estos preceptos, ¿hay algo más?.

La respuesta es: SI, MUCHO MAS. Hay un componente de actitud personal y profesional. Las empresas de éxito buscan profesionales que, en alguna medida reúnan en su perfil algunos de los siguientes intangibles:
– Honestidad y honradez
– Animo de superación.
– Ambición sana.
– Capacidad de trabajo en equipo.
– Iniciativa.
– Capacidad de trabajo bajo presión
– Entrega
– Compromiso

Son estos valores los que no lograremos en la mejor escuela de negocios del mundo. Se que puede sonar trasnochado, sin embargo son factores intemporales y decisivos.

La formación técnica depende del adecuado aprovechamiento de las enseñanzas recibidas y, que estas, lo sean en forma efectiva.
La formación personal es una tarea diaria, cuya consecución depende de nosotros mismos. El examinador es el espejo por las mañanas. En una realidad social donde se ha ido imponiendo lo aséptico, la frialdad, el egoísmo y el hedonismo, olvidamos que son valores como el espíritu de sacrificio los que nos abren la puerta hacia el éxito profesional.

Estamos acostumbrados a oír que hay una brecha invisible entre la vida profesional y la personal. En el fondo nadie se lo cree. Pocas personas tienen una doble personalidad y, de ser así, tiene un nombre en medicina.

Hoy en día, más si cabe, se busca la ventaja diferencial en los profesionales. Aquello que los hace diferentes. La formación técnica es esencial, pero puede comprarse y cualquiera puede hacerlo.

Los valores personales y su puesta en práctica nos ponen a la cabeza.

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