En opinión de los expertos en recursos humanos y en organización de empresas, los directivos de primer y segundo nivel tienen un horizonte temporal, en una misma compañía, de entre cinco y siete años, como máximo, en el mismo puesto. Suelen explicar este periodo como aquel en que se plasman las nuevas ideas y se llevan a efecto los proyectos de renovación.

Aquí me gustaría matizar algunos aspectos. Por una parte, entiendo que en lugar de hablar de “puesto” y “compañía”, habría que decir “proyecto”. Bajo la misma denominación social (empresa), tenemos una realidad cambiante, una sucesión de proyectos distintos. Así existen casos significativos de primeros ejecutivos que han estado al frente de compañías americanas (ej.: General Electric) y lo han hecho durante un tiempo claramente más amplio que el establecido por los gurús (ej.: Jack Welch). Tras esa situación hay una empresa en constante cambio y una sucesión de proyectos nuevos que redefinen el contenido de la estructura mercantil y ofrecen nuevos retos de manera permanente.

Es cierto que las ideas continuamente aplicadas al mismo proceso devienen en manidas y repetidas, pero la aparición de situaciones novedosas provocan un efecto aprendizaje que motiva y supone renovación personal y profesional.

Sin embargo no todos los profesionales encuentran en su carrera profesional la motivación y el reto permanente en sus puestos estables. Tras muchos años de ejercicio se plantean si su formación, experiencia y cartera de contactos puede servir para algo más que para la repetición de tareas y decisiones que se asemejan cada vez más a la administración de recursos y cada vez menos al ejercicio de la dirección y gestión.

Hace algún tiempo aparecieron en Estados Unidos y, en los últimos años, en Europa ciertas organizaciones que tratan de dar respuesta a estas inquietudes y, a la par, cubrir necesidades de iniciativas empresariales con simétricas carencias. Como es habitual, se utiliza la denominación inglesa: Business Angels.

Estas redes procuran aproximar emprendedores que buscan financiación a inversores informales (business angels) con capacidad para aportar capital y conocimiento a empresas nuevas o jóvenes y con potencial de crecimiento.

El proceso de acercamiento entre business angels y emprendedores, conocido como matchmaking, se lleva a cabo a través de la circulación de los planes de negocios entre los inversores y de la realización de foros de inversión donde los emprendedores presentan sus propuestas a un reducido número de inversores que han expresado su interés en el plan de negocios.

De esta forma surge una alternativa atractiva para ambas partes, pudiendo reunir bajo un mismo paraguas las mejores condiciones de base para el éxito: ideas, trabajo, experiencia en gestión, relaciones y financiación.