20131225-103242.jpgTodos tenemos a uno, o varios, personajes que nos sirven de referencia en nuestra trayectoria profesional y vital. Es frecuente que sus autobiografías se conviertan en éxitos editoriales (Jack Welch, Steve Jobs, Nelson Mandela, etc.).

Cada uno tiene el suyo y trata de aprovechar sus enseñanzas en el quehacer diario y conformar su visión a largo plazo tomando en cuenta el éxito del referente.

En algunas ocasiones el sujeto de admiración es más próximo, más cercano. En mi caso, se trata de una persona desconocida para el gran público. Es alguien que nunca publicará su historia. Su legado lo transmite con el ejemplo directo día a día, en la intimidad.

En lo vital es muestra de superación. Siendo muy joven dejó su familia y su país para luchar a brazo partido con un solo objetivo en mente: ayudar a los suyos. Hoy hablamos de crisis a través de las redes sociales y aquellos eran tiempos de hambre. Hambre sin paliativos, sufrimiento sin datos estadísticos.

Viajó sin medios, pero con el mejor equipaje que un hombre puede tener: sus principios. Una base que respiró en la casa familiar. El amor, la lealtad y la fidelidad a la familia han sido su enseña. El trabajo bien hecho nunca fué una opción, ha sido el hilo conductor.

Con éstas herramientas forjó su propio destino. Combinó la formación académica necesaria con el esfuerzo permanente. Los libros han ocupado un lugar importante en su camino, pero siempre seleccionó aquellas enseñanzas que contribuían a alcanzar sus metas. No necesitó asistir a clases de escuelas reputadas para dar lecciones de economía empresarial.

La austeridad le acompaña desde su imagen personal hasta la decoración de sus negocios. El diseño de las instalaciones lo adapta a su cliente, sin florituras. Consigue que el cliente entre en las tiendas sintiéndose cómodo, ofreciendo el producto que necesita y con una atención personal. Su plantilla recibe instrucciones concretas. La motivación y la supervisión son ejes básicos e irrenunciables. La delegación de funciones y tareas es aplicada cuando quien las recibe se lo ha ganado con resultados.

Integridad y honestidad son conceptos que hallan su sentido en cada una de sus actuaciones. Sus reacciones son previsibles, pues nunca traiciona éstos principios. Combina la habilidad negociadora con la recompensa de la fidelidad. Sus proveedores saben que si corresponden con precio, servicio y calidad, tendrán en él un cliente inquebrantable. Sus clientes siempre tienen el mejor producto al precio más bajo del mercado.

La permanente inquietud empresarial le ha llevado a diversificar sus negocios aplicando principios de prudencia y riesgo medido. El éxito ha sido una consecuencia lógica. Los resultados sorprenden a cualquiera, pero detrás hay siempre un análisis riguroso, un trabajo duro y un sexto sentido muy desarrollado.

Su trato amable y respetuoso le han granjeado la amistad de cuantos le han conocido. A la hora de transmitir su mensaje, sus directrices o una orden, jamás levanta la voz. No lo necesita, simplemente lo dice con claridad, una sola vez, para después dejar hacer y comprobar los resultados.

Está siempre atento a lo que ocurre en su entorno. Desde clientes, proveedores y empleados, hasta la situación política y económica nacional e internacional. Nada ocurre a su alrededor que le deje indiferente. Eso sí, aprovecha cada pieza de información para mejorar sus decisiones y avanzar en sus objetivos.

Las personas, y la familia en concreto, siempre son el centro de todo lo que hace. Ha sabido inculcar los principios que le han acompañado durante todo su camino vital. La cohesión es un factor esencial. Por todo ello, el respeto y la admiración le rodean allá donde va.

Sabe, como nadie, combinar trabajo y familia. Tras su lema («los hombres progresan económicamente si las horas del trabajo las dedican al trabajo») hay enseñanzas profesionales y humanas. Aplicarse en el trabajo es acompañarlo de una vida personal plena.

Hoy, como todos los días de sus más de ochenta años de vida, se ha levantado a las cinco y media de la mañana y trabajará sin descanso durante más de dieciséis horas. Llevará un traje negro que no sustituirá hasta que sea estrictamente necesario. En su bolsillo no encontraremos un smartphone y su móvil únicamente lo conocen siete personas.

No publicará un libro, pues lo que ha aprendido y lo que ha vivido solo se puede conocer a su lado.

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