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Centrarnos en los objetivos fijados y que todo gire en torno a conseguirlos nos lleva, en ocasiones, a ensimismarnos.

Todo gira en torno a lo fundamental y dejamos de lado cualquier cosa que consideramos accesorio. A primera vista parece una dirección correcta, sin embargo puede llevarnos a no prestar atención a lo que sucede en el entorno.

Tan importante como establecer metas y luchar por alcanzarlas, es la disposición a adaptarlas en función de una realidad siempre cambiante. No hacerlo puede conducirnos a una posición próxima a lo talibán. El final del camino de ésta rigidez lo encontraremos en objetivos alcanzados, pero inútiles en la verdadera aportación de valor a la organización.

Cuando las metas se escriben en piedra, nos puede conducir a disponer de un monolito impecable pero más estético que práctico.

Combinar la definición de objetivos y estrategias con los ojos y oídos abiertos a lo que nos rodea, harán de una bonita teoría empresarial una realidad concreta y útil para el desarrollo del negocio.

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