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Calidad y excelencia son conceptos relativos. Alcanzar la perfección es un camino permanente, es andar en una dirección.

Se suele contraponer el vocablo calidad al de imperfección. No debería ser así, pues lo imperfecto forma parte de la ruta hacia la calidad. En esto debemos considerar el coste de lograr mayor calidad.

Para el trabajo en equipo hemos de tener en cuenta que un término tan relativo (y subjetivo), como la calidad de las acciones y decisiones, debe valorarse frente a objetivos más amplios. La participación, asunción de responsabilidades, implicación y motivación son elementos de calidad en los negocios que van más allá de lo medible.

Cooperar no es fácil. No consiste sólo en colocar juntas a las personas y celebrar reuniones de coordinación. Es una actitud permanente en la que lo vertical se inclina apareciendo, en algunos, la sensación de vértigo.

Hemos de estar preparados para mejorar nuestra tolerancia al error. Los humanos somos imperfectos, pero juntos mejoramos. Desechar ideas como «acabo antes haciéndolo yo mismo» nos alejan y socaban los cimientos de la esencia colaborativa. Es cierto que éstas posiciones suelen disfrazarse con una pose dialogante, pero con la decisión tomada.

Para mejorar y avanzar como empresa es preciso sacrificar creencias y actitudes personales. El proceso no es cómodo, pues nos enfrentaremos a rasgos de personalidad, status e inseguridades. El precio y la recompensa merecen el esfuerzo.

Es recomendable trabajar en común a lápiz, aun cuando debamos acompañarlo de una goma de borrar. Cometer errores es previsible, la tarea del líder es procurar que no se cometan dos veces los mismos y formar al grupo en ello.

Tampoco estamos hablando de democracia asamblearia. Se trata de construir sobre una base prefijada. Los accionistas son quienes fijan misión, valores y objetivos. Las estrategias para alcanzarlos deben ser las adecuadas para lograrlo. La organización deberá trabajar a partir de las premisas establecidas, aun cuando puedan sugerir mejoras. Conviene recordar que también las hipótesis de trabajo han de ser razonables y razonadas, pues las personas encontrarán, así, un proyecto creíble y factible.

Es hora de perder los miedos e invertir en las personas sin resistencias pasivas, con la coartada de la calidad mal entendida.

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