“Ningún viento es favorable para el que no sabe a donde va” (Séneca)

Existen una serie de creencias fuertemente arraigadas en la cultura empresarial imperante en las medianas empresas y en algunas grandes. Una de ellas gira en torno a la inutilidad de la planificación. A que elaborar un Plan a largo plazo o Plan estratégico es una moda, o una imposición del grupo o corporación.

Hay motivos que fundamentan esta línea de pensamiento. Por un lado hemos de diferenciar negocios y empresas. Una empresa debe ser un negocio, pero un negocio no es necesariamente una empresa. Tenemos negocios que no se basan en la continuidad, tan solo en la explotación presente de oportunidades, en un nicho de mercado temporal, en la intermediación, en el mercadeo de contactos, etc. En estas condiciones es difícil influir en el entorno para procurar el desarrollo de la actividad.

Asimismo, en otro tipo de organizaciones, mas grandes, la planificación se ha convertido en una rutina, en un objetivo en si mismo. ¿Cuantos no han fijado, primero, los resultados y, después, evolucionado hacia arriba para obtener los objetivos de margen, ventas, etc.?.

Por tanto, lo que cabria diferenciar es un proceso de planificación adecuado o inadecuado, la idoneidad de planificar no es discutible.

“Pensando en el futuro, nosotros vemos lo que es mejor para el presente” (ALCATEL)

El establecimiento de metas a largo plazo, a corto e intermedias, nos permite trazar un camino. Este no será una linea estricta, se producirán desviaciones, pero lo sabremos porque estamos comparando con una referencia. Debería efectuarse un análisis autocrítico de la Compañía, conocernos es la mejor manera de no cometer errores innecesarios, ni de programar acciones u objetivos irreales. Un buen Plan es aquel que se fundamenta en los pies de la empresa y proyecta lo imaginado por su cerebro.

La Dirección y los accionistas han de apoyar el proceso y ofrecer los medios necesarios para que sea realista y exitoso. Si existen limitaciones o instrucciones a respetar, deben transmitirse antes de iniciar la planificación.

Se ha de nombrar un responsable, interno o externo, con experiencia en planificación, para que se encargue de coordinar todo el proceso y hacer que se respeten los plazos de elaboración. Velará por la coherencia interna del Plan, verificando que todo lo que recoge está fundamentado y es consistente. Remitirá, al inicio, las instrucciones de ejecución.

Cualquier proceso es posible en cualquier empresa, pero debe adaptarse a su realidad. Ha de ser útil, creíble, flexible y dimensionarse conforme la organización de que se trate.

“La planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes” (Peter Drucker)

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