Han pasado algunos años, casi 25, desde que un buen amigo me contestó a una pregunta capciosa.

Le pregunté cuanto necesitaba para considerarse satisfecho. Juanchi, ingeniero industrial y comercial de raza, me dijo: «con que cada día lleve mil duros en bolso, suficiente».

Eran otros tiempos, pero no tan lejanos. Cierto que han pasado 25 años y que el aumento del coste de la vida ha dejado huella. Podríamos hacer un cálculo del valor en pesetas constantes y discutir sobre la tasa de capitalización.

Sin embargo, hoy recurro a argumentos de percepción psicológica. Es un ejercicio simple: si pedimos a alguien (con más de 40 años) que calcule el precio de cualquier cosa en pesetas, la reacción siempre será de sorpresa.

He hecho la prueba con algo tan común en nuestros días como es un iPhone. Se considera que gastarse 600 euros en un smartphone (¿artículo de primera necesidad en 2017?) es un precio razonable. Sin embargo, cuando hablamos de que serían 100.000 pesetas, la cara de nuestro interlocutor cambia.

Hace 25 años, con «mil duros» nos veíamos como «capitán con mando en plaza». Hoy con 100 euros parece que no alcanza.

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