En estos momentos de tribulación solemos recurrir a la sabiduría intemporal para buscar respuestas y, así, tratar de tropezar con las soluciones. El título del artículo es una afirmación de Confucio y sirve para enmarcar este breve desarrollo sobre la necesidad, hoy como siempre, de contar con una buena planificación empresarial. En mi opinión hay dos palabras esenciales (“buena” y “empresarial”) y una obvia (“planificación”).

Para ser “empresarial” tiene que estar pegada al terreno, ser concreta. Es cierto que ha de contar con aspectos como Visión, Misión y Estrategias Generales, pero tambien con objetivos específicos, cuantificados y calendarizados. Ha de expresar las acciones a emprender para lograr los objetivos fijados (acciones mañana, el mes que viene y dentro de seis). Estas acciones han de ser cuantificadas en cuanto a su coste (o inversión), su forma de contribuir a los objetivos fijados (en cuanto y cuando). En definitiva, planificamos porque sabemos lo que queremos conseguir y en qué momento. Constituirá un instrumento estratégico y operativo utilizado en la rutina diaria de la empresa.

Para ser “buena” debe hacerse de forma realista, sin saltos injustificados sobre lo que estamos logrando en los ultimos años. Ha de realizarse teniendo un buen (diria que profundo) conocimiento del mercado, de la competencia, de los clientes, en definitiva del negocio. En la medida en que las hipótesis iniciales sean realistas y confiables, evitaremos los dos males de quien no sabe a donde y por donde va: el entusiasmo peligroso y el pesimismo injustificado.

La credibilidad de cualquier plan se fundamenta en tres pilares: objetividad del analisis (interno y externo), seriedad (no pretendamos ir a Cadiz en dos horas con una bicicleta) y responsabilidad (una vez decidido, seamos coherentes).
Siendo realistas, tambien existen argumentos contra la planificación. Pondre dos ejemplos de réplicas y sus correspondientes contrareplicas.

“No puedo predecir el futuro”. Es cierto, en parte.Probablemente lo único que no puede predecir en los próximos doce meses es cuantas cosas van a comprarle sus clientes. Durante ese periodo, no va a haber muchos cambios más para la mayoria de negocios –las personas, la producción, los costes, requisitos financieros, seran predecibles. Por tanto, puede modelar que apariencia tendrá su negocio aplicando un análisis de sensibilidad con distintas cuantías. Le asegurará que si las ventas caen en picado tendrá un plan de supervivencia al que aferrarse. Parece un poco arriesgado no tener ninguna planificación en periodos de incertidumbre.

“Mi negocio ha estado funcionando durante quince años. No necesito ninguna planificación”. Esta es una afirmación arriesgada. Los dueños del Titanic afirmaron algo similar. El fracaso empresarial golpea fuerte a nuevos negocios, pero tambien a los maduros. Se producen cambios en los mercados financieros y los clientes dejan de adquirir lo que antes hacían con cierta frecuencia. La tecnología esta en continuo movimiento y los productos quedan obsoletos.

La planificación da la oportunidad de equivocarse sobre un papel, antes de hacerlo en la vida real. La planificación es un proceso continuo que garantizará que el negocio se adecua de la mejor manera posible al entorno empresarial cambiante que lo rodea.
Como decia el profesor Ackoff: “El futuro no hay que preveerlo, sino crearlo. El objetivo de la planificación debería ser diseñar un futuro deseable e inventar el camino para conseguirlo”.

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