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A la hora de negociar una reestructuración financiera o la refinanciación del pasivo hay que estar preparado para responder a la pregunta de quien va a pagar los platos rotos.

En ocasiones nos enfrentamos a situaciones que precisan de una recomposición de la estructura financiera del pasivo de la empresa para favorecer su continuidad. Para ello se elabora un plan de viabilidad donde se exponen tanto las estrategias y acciones de futuro, como las circunstancias que han abocado al planteamiento de nuevos plazos de vencimiento o carencias en las cuotas de amortización y/o intereses.

Es en éste análisis de la trayectoria donde podemos encontrarnos con decisiones gerenciales o de los accionistas que han supuesto un lastre financiero que supone renovar el apoyo de terceros. Es cierto que cuando hablamos de errores, lo hacemos desde un momento posterior a la toma de decisiones y, por tanto, fácil de criticar a posteriori. Probablemente cuando se consideró la acción errónea, la información de que se disponía aconsejaba su puesta en marcha, sin embargo el tiempo llevó la contraria.

En cualquier caso, lo primero que debemos determinar a la hora de elaborar y proponer un plan de viabilidad es si presentamos un negocio rentable en sí mismo, al margen de la estructura de financiación. Un negocio basado en un producto competitivo en los mercados actuales o potenciales.

En segundo lugar que la propuesta y las proyecciones económico financieras sean coherentes con las nuevas estrategias y acciones planteadas. A modo de ejemplo, no puede plantearse una expansión en mercados internacionales que no cuente con el respaldo preciso en las inversiones comerciales.

Y, así, podríamos enumerar los aspectos técnicos básicos del plan de negocio. Sin embargo nuestros interlocutores exigirán comprobar cual es el grado de compromiso de los accionistas con su propia empresa. Querrán ver como se asume la responsabilidad de las actuaciones y decisiones que han llevado a la situación actual.

En éste punto debe hacerse un diagnóstico certero. Desde los objetivos y estrategias fijados por los órganos de gobierno, hasta la organización de producción, comercial o financiera. Hay que exponer las conclusiones y las correcciones que se van a llevar a efecto en el ámbito interno, antes de solicitar apoyo externo. Los interlocutores revisarán si la propuesta contiene las medidas necesarias que garanticen la no repetición de desviaciones.

En definitiva, explicar con crudeza por qué se han roto los platos y quien va a pagar la reparación, aun cuando se solicite ayuda para el pegamento.

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