20131212-080027.jpgParece claro que el Capital o Fondo Social, según la forma jurídica elegida, han de reflejar las aportaciones en efectivo, o en especie, de los socios o participes de una entidad empresarial.

Las entregas en efectivo no ofrecen duda alguna sobre su interpretación, pues su cuantificación y reflejo de valor son inmediatos.
Se trata de las aportaciones no dinerarias las que ofrecen un campo de reflexión más amplio y donde aparecen factores no tan evidentes. Cuando hablamos de entregas en especie, siempre tenemos en mente activos no líquidos, aunque realizables y cuantificables de forma más o menos directa. Asi nos encontramos aportación de terrenos, inmuebles, maquinaria, etc. Conforme a la legislación vigente, estas aportaciones se cuantificarán con un mayor o menor grado de formalismo, pero, en definitiva, se podrán traducir a magnitudes financieras.

Sin embargo existen, en la propia constitución y devenir posterior de las Sociedades un conjunto de aportaciones de más difícil cuantificación monetaria y, no por ello, menos sustanciosas para el desarrollo de los negocios.

Es habitual considerar que para el nacimiento y desarrollo de una empresa se precisa la conjunción los siguientes factores:
– Aportaciones monetarias
– Aportaciones en especie
– Trabajo/conocimiento técnico (aportado por los socios o contratado)
– Contactos (relación comercial)
– Gestión (gerencia)

Son éstos los que motivan el nacimiento de la mayoría de las iniciativas empresariales en el ámbito de la pequeña empresa, sin embargo, usualmente, solo los dos primeros tipos se reflejan y traducen en derechos económicos y políticos legalmente.

Es cuando surge la necesidad de un reparto equitativo o la separación de socios, el momento en que las aportaciones cualitativas descritas han de ser reconocidas. Habitualmente estas situaciones provocan importantes diferencias y más, si la ruptura no lo es de forma ordenada y pacífica.

Este tipo de reivindicaciones tiene difícil solución, pues pueden interpretarse como desconfianza o recelo en momentos donde, se supone, que todo debe ser ilusión y entrega desinteresada. No existe una fórmula magistral que resuelva la dificultad descrita, pero si debería plantearse algún tipo de procedimiento de resolución, pacto privado, etc..

En estos casos estamos hablando de un Balance Paralelo, donde determinadas aportaciones se equilibran, aun cuando formalmente no lo estén. Podemos encontrar diversos ejemplos de aportaciones que no figuran en el Balance Oficial: avales y garantías, acceso a mercados y clientes, gestión y administración, conocimiento, etc.

El proceso de regular y valorar estas entregas no es simple, si bien su necesidad se pone de manifiesto en las reclamaciones entre socios y, de forma más patente, en las negociaciones de reparto o compensación por separación de los mismos. Quizá recurrir al sentido común y a la previsión (sin excesos) para contemplar una vía factible de resolución, aun cuando no haya (es lo deseable) que recurrir a ella evitará situaciones indeseadas.

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