20131206-090329.jpgDicen que cada día aprendemos algo nuevo. Otra cosa es ponerlo en práctica.

Hace dos años, al registrarme de noche, en un hotel de Estoril di mis datos a la recepcionista. Al día siguiente, por la mañana, la misma chica estaba tras el mostrador. Le pregunté sí había cambiado el turno y me contestó que los horarios se habían alargado en el sector en Portugal fruto de la crisis. A pesar del cansancio, su respuesta venía acompañada de una sonrisa y con una amabilidad exquisita.

Nuestro vecino ha sufrido la crisis con la misma, o mayor severidad, que nosotros. Su estructura financiero-industrial no es, ni de lejos, la que tenemos en España. Su gente ha hecho más de 100 nuevos agujeros en el cinturón, pero, sobre todo, cada uno de ellos se ha puesto a luchar .

No es posible predecir cuándo y cómo saldrán de la crisis, pero lo que sí es seguro es que su esfuerzo y sacrificio están fuera de toda duda. Hace tiempo que vemos en nuestras obras furgonetas con trabajadores que hacen largos trayectos desde Portugal para ejecutar obras en España. Trabajadores que vienen a trabajar y cuyo primer objetivo es volver a casa con dinero para la familia. Dejan de lado las comodidades, buscan soluciones donde las haya: los kilómetros no importan frente a la familia que siempre les esperará.

Compartimos con nuestros vecinos ese espíritu de lucha, la capacidad de esfuerzo y de sacrificio. Los españoles hemos demostrado al mundo de que somos capaces. Lo hemos conquistado, lo hemos perdido y vuelto a ganar. De nosotros depende enfrentar la realidad con coraje y determinación.

Nunca hemos necesitado salvadores. Nuestra fuerza está grabada en la sangre, tan sólo hemos de sacarla del interior. Es cierto que el entorno condiciona e influye, pero no es menos cierto que no determina.

Como me dijo Costança: «ahora nos toca luchar».

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