20131216-074758.jpgEl refrán dice: se gana más con una gota de miel que con un litro de vinagre.

Como afirmación genérica puede aceptarse, pero la realidad nos dice que, en determinadas situaciones, la combinación debe variarse.

No cabe duda que la suavidad es deseable en la gestión de personas y en toda negociación comercial. Pero no es menos cierto que hay ocasiones que requieren pulso firme y un mensaje inequívoco.

Los excesos traen consecuencias indeseadas. Cuando quien lidera (o manda) una organización prima contemporizar y la huida permanente del enfrentamiento frente a los objetivos de la empresa nos encontramos, con frecuencia, con un toque de inseguridad. Inseguridad en el contenido y esperanza de que la benevolencia del mercado, del entorno y de los interlocutores traigan resultados.

No se trata de esgrimir un enfrentamiento permanente, ni poner cara agria, tan solo de optar en cada situación entre quedar siempre bien (utópico) y cumplir con la encomienda de alcanzar lo establecido. La habilidad de ser eficaz a la par que aceptado es lo optimo. Resolver éste dilema es un reto a tener en cuenta. En ciertos entornos se da respuesta repartiendo adecuadamente los roles hacia el exterior. ¿Quien no ha experimentado la diferencia entre la cara amable del director comercial y la adustez del director financiero?.

Corresponde al Director General aplicar las estrategias oportunas en cada situación y equilibrar las desviaciones, reservándose una posición conciliadora en beneficio del conjunto. Se trata de una asignación de papeles consciente y coordinada, no de que las actitudes o comportamientos personales lastren y contradigan a los objetivos marcados.

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