“El valor de una empresa, como el de una persona, no existe, su precio sí”

¿Cuántas veces hemos oído que existe una diferencia sustancial entre Valor y Precio?. Estos son conceptos que en el lenguaje coloquial, en ocasiones, se tratan como sinónimos y nada más lejos de la realidad.

Cuando de una empresa se trata (también es aplicable a cualquier entorno), decimos valor por aquella cuantificación que refleja el importe calculado en base a datos históricos, proyecciones futuras, hipótesis de crecimiento, rentabilidad, etc. Asimismo se incluyen cuestiones subjetivas como el Fondo de Comercio, sentimentales como el tratarse de un negocio (perdón, empresa) fundado por la familia, afectivas como el medio de vida de nuestros hijos, personales como nuestra huella en la sociedad, etc.

El precio, en cambio, es la cifra de cierre de una operación entre comprador y vendedor. En definitiva, según el método de cálculo y los elementos (financieros o no) que se consideren pueden ponerse de manifiesto multitud de valores. El precio de la Compañía será, únicamente, el importe que el comprador este dispuesto a pagar.

Esta diferenciación de conceptos no supone, en absoluto, que ambos no puedan converger. Cuanto más profesional y objetivo sea el calculo del valor, mas fácil será que nos acerquemos al precio que el comprador esté dispuesto a pagar.

El valor de las acciones de una empresa –suponiendo su continuidad- proviene de la capacidad de la misma para generar dinero para los propietarios de las acciones. Lógicamente, lo que un inversor está dispuesto a pagar por las acciones de una empresa depende de lo que espera obtener de ellas en el futuro.

En general, una empresa tiene distinto valor para distintos compradores y también puede tener distinto valor para comprador y vendedor. Los métodos cada vez más utilizados (y conceptualmente ) son los basados en el descuento de flujos de fondos, que consideran a la empresa como un ente generador de los mismos.

Las etapas fundamentales para realizar una buena valoración por descuento de flujos son:
1. Análisis histórico de la empresa y el sector.
2. Proyecciones de los flujos futuros.
3. Determinación del coste (rentabilidad exigida) de los recursos.
4. Actualización de los flujos.
5. Interpretación de resultados.

Detrás de este sencillo esquema se esconden una serie de trabajos técnicos que un buen profesional independiente puede documentar adecuadamente, logrando poner sobre la mesa de negociación argumentos sólidos que respaldarán el valor obtenido. Ayudará a negociar con el posible comprador un precio razonable basado en el retorno de la inversión. Puede incluso incluir factores subjetivos que respalden dicho valor (imagen de marca, fidelidad de clientes, capacidades del equipo gestor, notoriedad, etc.)

No quiero, bajo ningún concepto, minusvalorar los aspectos intangibles en una empresa. En el caso de una compraventa deberemos demostrar que son necesarios para la creación de valor, mejor dicho, para la entrada y sostenimiento de los flujos futuros.

Un leve apunte sobre los activos ociosos. Estos únicamente serán tenidos en cuenta por el comprador en función de su valor real e inmediato de mercado, pues como “ociosos” no contribuyen a generar fondos.

Y, por ultimo, no caigamos en el error de valorar dos veces un activo. Los activos se valoran a través de la generación de resultados (perdón, caja). Si pretendemos valorar el edificio de producción a precio de mercado (ejemplo inmobiliario), no podemos sumar también el valor de la producción, pues ya no tenemos edificio con que producir.

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