Hace ya mucho tiempo que busco, y rebusco, en las farmacias, parafarmacias y herbolarios, la píldora que, de forma instantánea, resuelva todos los males. Que, tomando una, se supere la fatiga, la astenia o suponga una recuperación anímica inmediata.

No la he encontrado y, sospecho, que nunca lo haré.

En una situación de crisis profunda (la actual), salen a la palestra sugerencias de vitaminas milagrosas. Así, nos indican que pueden expendernos impuestos, innovación, internacionalización, emprendimiento, subvenciones y otros remedios.

Sin desmerecer cada una de las propuestas, sabemos que, por separado, no tienen el efecto prodigioso propuesto. También sabemos que la cura lleva tiempo, máxime cuando el mal se ha gestado tras muchos años de maltratar al cuerpo.

Una modificación fiscal, en sí misma, para que suponga reactivación económica debe darse en un entorno de motivación a la inversión y en una sociedad con cultura de riesgo empresarial. Si algo hemos aprendido en éstos tiempos es que la prudencia y la reticencia han arraigado en las decisiones de inversión. El batacazo económico ha dejado en los bañistas un miedo atroz a la resaca de los baños atrevidos. No olvidemos, tampoco, que el ahorro generado básicamente se traduce en depósitos bancarios y los depositarios no tienen la mejor disposición al préstamo alegre.

La innovación es una actividad consustancial a todo buen (y activo) empresario. Por supuesto que los apoyos públicos animan y hacen menos cuesta arriba esos esfuerzos. Pero la innovación ha de darse en un campo propicio para la siembra.

Internacionaliza que algo queda. Salir de las fronteras locales y de la zona conocida y cómoda (cada vez menos) es una fase lógica de todo crecimiento organizativo. Lógica si tenemos algo (competitivo) que ofrecer en el mercado objetivo. Requisito previo es poder enseñar que hemos tenido éxito en nuestro mercado de origen. Cuestión fundamental es tener producto y/o servicio con ventajas diferenciales suficientes para captar cuota en el caladero que se proyecte acometer. Y nunca desatendiendo el punto de partida.

A nadie se le escapa que, a nuestro pesar, será la combinación de múltiples iniciativas, el plazo razonable de maduración y la alineación con un objetivo (revitalizar el tráfico mercantil de forma sostenida) lo que puede traer resultados tangibles y sólidos.

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